ansietat
El terapeuta Domenec Luengo en una sesión de hipnosis.

Los transtornos de ansiedad son reacciones emocionales desajustadas y equivocadas, derivadas de un proceso de aprendizaje largo, constante, inconsciente y, sobretodo, inmaduro. Hablamos de transtorno cuando, por su perseverancia e intensidad, la ansiedad se halla determinando una manera de reaccionar, pensar, sentir y comportarse que escapa al autocontrol y, por tanto a la posibilidad de desarrollar una vida libre, sana y reponsable. Con la ansiedad alterada la persona se convierte en esclava de sus propias reacciones, sobre las que no tiene (o tiene escasa) capacidad de intervención, parece como si algo interno estuviera regulando la propia vida, algo de lo que se desconoce el origen y, sobre todo, la forma de canalización.

La mente consciente queda sorprendida, perpleja, desanimada, indefensa y desamparada ante lo que, desde el interior, surge de forma acausal, atemporal y fuera de toda programación. Unas veces de manera aguda (crisis de pánico o de angustia), otras de forma más o menos constante (ansiedad generalizada) o también localizada sobre un “objeto” (fobias) la ansiedad emerge con intensidad variable y, en muchos casos progresivamente, va minando el mundo libre de la persona haciendo de ella finalmente alguien que de continuo se defiende de sus propias reacciones emocionales, viéndose así limitada su libre interacción con el mundo.

Pero la ansiedad es de hecho una de las emociones básicas, como lo es también la tristeza y la alegría, la ira, la vergüenza, la sorpresa, el miedo, etc., por tanto de origen genético y propio de la especie humana: todos tenemos ansiedad de la misma manera en que, por ejemplo, nos entristecemos, nos alegramos o estamos agresivos; sin embargo, es cuando tal emoción cristaliza en el interior de la persona y configura “por defecto” su manera básica de ser, cuando hablamos de transtorno y, por ello, de la necesidad de neutralizarlo.

Con la ansiedad nos protegemos de peligros vitales, esa es su función biológica básica. Tiene ansiedad alguien que deba operarse, que haya sufrido la pérdida de algún familiar, que haya tenido algún accidente, que haya visto alterada su situación vital, etc., de la misma manera que tiene ansiedad la rata ante el gato, la cebra ante el león o la oveja ante el lobo. Como se ve la ansiedad es connatural a verse en peligro vital, como si de una relación depredador-depredado se tratara. La ansiedad alerta al individuo y le prepara para el ejercicio de una gran (quizá la última) defensa de su organismo, en definitiva, una situación singular en la que la eficacia debe ser máxima. El despliegue psicosomático no es más que la manera de ponernos en estricta y rigurosa vigilancia, la manera que tenemos de controlar al máximo lo que suceda y de disponer con agilidad extrema los mecanismos de protección.

CARACTERÍSTICAS DEL TRASTORNO ANSIOSO:

Sin embargo, cuanto se ha descrito no es lo que sucede en nuestro día a día. Tener ansiedad en nuestra sociedad es habitualmente una especie de disparo emocional en el vacío, sin cuasa alguna, sin “depredador” ni circunstancia objetivamente atrapante o atentatoria. Vivir ansiosamente es percibir irracional e inconscientemente que nuestra vida está en riesgo, es decir, andar continuamente defendiéndose de cualquier circunstancia, normalmente neutra, pero percibida com atentatoria, así, la espera de una cola, la aglomeración de una calle o un restaurante, el alejarse de los lugares conocidos (por ejemplo viajes), la soledad, las autopistas, interpertar sin indicios que el propio cuerpo está fallando (o está enfermo), trenes, aviones, alturas, etc. son hechos habituales que pueden tomar para la persona ansiosa un papel simbólico tan potente que se transforman rápidamente de lugares neutros o, a lo peor, incómodos, a verdaderos lugares de atrapamiento.

La ansiedad, como transtorno, lo entendemos como un proceso instaurado en la persona derivado de acciones del entorno acaecidas durante la infancia que suponen una especie de condicionamiento del sistema límbico cerebral. La inmadurez propia de una mente en crecimiento se halla incapacitada para decodificar, comprender y mucho menos canalizar lo que en el entorno familiar está sucediendo y que es observado como una situación de miedo adaptativo. Sin negar la casi segura existencia de personas proclives genéticamente al disparo ansioso, bien es verdad que es la aparición de momentos difícles, etapas duras o épocas de indefensión los generadores iniciales básicos de entender la vida como fuente de problemas, temores o peligros constantes de los que se deba uno (ya adulto) defender.

ALGUNOS DATOS ACERCA DE LA PSICOTERAPIA DE LA ANSIEDAD QUE DESARROLLAMOS:

Siendo, pues, algo aprendido, la psicoterapia más eficaz para el control de la ansiedad como transtorno debe ser aquella que permita reaprender emocionalmente lo que ahora quedó alterado, en este sentido, donde anteriormente habría agitación ahora debe debería existir serendidad, donde existía una forma subjetivizada de ver las cosas, ahora debe regir la objetividad y el realismo, donde a menudo una quedaba al azar de lo que dispusiera la propia mente, ahora debe privar la libertad de análisis y la toma de desiciones libre. En la Psicoterapia que desarrollamos entendemos la necesidad de ayudar a reaprender a ver y entender la vida de manera que vayan poco a poco anulándose los esquemas ansiosos mal aprendidos y tome cuerpo progresivamente el sentido de autocontrol y objetividad.

Todo ello debe ser trabajado tanto desde la mente consciente (córtex cerebral) como desde la inconsciente (sistema límbico), por tanto, deberá darse una simbiosis terapéutica entre lo que la persona va a aprender como autocontrol situacional y lo que va a asumir inconscientemente como manera más realista y serena de ver la realidad. Esta doble intervención psicoterapéutica supone la aplicación de diversas técnicas, de las que toman mayor significatividad las que inciden en el cambio conceptual y emocional.

Actualmente desarrollamos ya, de manera muy tecnificada, la Psicoterapia de la Ansiedad dentro de lo que ha venido a llamarse Terapia Breve, por lo que el tiempo de tratamiento se ha acortado enormemente y, con él, el grado de sufrimiento de la persona. Nuestro esfuerzo se ha centrado en la reducción rápida de los síntomas ansiosos y, por tanto, en la pronta adquisición de un estado de atenuación psicosomática que permita seguir motivado para la total extinción del transtorno. En definitiva, la percepción de que aquello que parece inaccesible, va progresiva y rápidamente desapareciendo.

Como planteamiento básico entendemos el enfoque de la Psicología Cognitivo-Conductual como idóneo para el tratamiento de los transtornos de ansiedad y, dentro del mismo, creemos que la perspectiva Racional-Emotiva es la vía práctica más útil. No obstante, nuestra metodología de trabajo ha integrado determinados aspectos de la Psicología Humanista así como del biofeed-back.